Si hablamos específicamente de los pobladores antiguos relacionados con el entorno de Cerro Gallo, debemos mirar la historia de Campoy, Mangomarca y el valle del Rímac, donde se desarrolló una importante sociedad prehispánica antes de la llegada de los incas.
Los principales habitantes de esta zona fueron los Ruricancho, pueblo que dio origen al nombre actual de Lurigancho. Eran grupos procedentes de la región de Huarochirí y seguidores del culto a Pariacaca. Se establecieron en el valle medio y bajo del río Rímac, ocupando lo que hoy son San Juan de Lurigancho, Huachipa y Chosica.
La capital política y ceremonial de los Ruricancho habría sido Mangomarca, mientras que Campoy funcionó como uno de sus principales centros administrativos y residenciales para las élites gobernantes. Desde estos complejos controlaban la agricultura, el intercambio de productos y las rutas de comunicación del valle.
Los antiguos habitantes de Campoy aprovecharon las tierras fértiles cercanas al río Rímac para:
Cultivar maíz, frijoles, zapallos y otros productos agrícolas.
Administrar sistemas de irrigación.
Realizar intercambio comercial con otros pueblos de la costa central.
Controlar caminos estratégicos que conectaban la costa con la sierra.
Las excavaciones arqueológicas también han encontrado vasijas, cántaros y mates decorados con motivos relacionados con la pesca, indicando una fuerte relación con los recursos del río.
Los cerros que rodean Campoy, incluyendo el entorno donde hoy se ubica Cerro Gallo, tenían una función estratégica. Desde las alturas se podía observar gran parte del valle del Rímac y controlar los accesos al territorio. Por ello los asentamientos importantes se construyeron en zonas elevadas o al pie de los cerros.
Hacia el año 1470 d.C., el territorio fue incorporado al Imperio Inca. Los incas no destruyeron los centros existentes; por el contrario, reutilizaron y ampliaron Campoy, integrándolo a la red administrativa del Tahuantinsuyo. Cerca de la zona aún existen evidencias del Qhapaq Ñan, el gran sistema vial inca.
Aunque no existen registros arqueológicos que indiquen que Cerro Gallo fue un centro ceremonial específico, el cerro forma parte del mismo paisaje cultural que observaron los antiguos Ruricancho hace más de 500 años. Desde estas alturas se dominaba visualmente el valle, los campos agrícolas y los caminos que conectaban Lima con la sierra central